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A diario (y por fortuna) son muchas las empresas españolas que se encuentran ante el dilema de participar y adentrarse en un proceso de licitación internacional.
Es evidente que, cuando se trata de licitar en otros países, ser riguroso con los plazos, las especificaciones y la presentación de la licitación constituyen requisitos fundamentales e inexcusables. Esto sumado a la complejidad adicional que supone hacerse en un idioma ajeno, exigen un proceso estricto y seguro:
▪ Análisis inicial de los pliegos de la licitación, con el fin de asegurar fehacientemente que no se pasa por alto ningún detalle determinante.
▪ Resumen de la licitación, donde se pongan de manifiesto claramente los puntos críticos.
▪ Tratamiento de la documentación.
- traducción jurada,
- traducción técnica y
- traducción confidencial.
▪ Revisión de las traducciones.
▪ Maquetación de los documentos, adecuándose a las especificidades del país en cuestión.
▪ Aseguramiento integral de la calidad en todos los aspectos del proceso.
▪ Repaso de las especificaciones.
▪ Sellado de los documentos, adaptándose a los requerimientos de cada país.
▪ Entrega de todo el material en la fecha acordada y dentro de los plazos marcados en el pliego de licitación.
Es recomendable que la documentación esté en un doble soporte: papel y electrónico, por lo que hay una labor final de producción de las copias necesarias (impresión, encuadernación, reproducción, etc.), que hay que planificar.

Apoyar el proceso con un gestor de proyectos en continuo contacto con el cliente permite adoptar medidas en los imprevistos que siempre surgen, con capacidad de reacción para garantizar el resultado.

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